jueves, 28 de marzo de 2013

Sobre Carson McCullers, la imaginación y la escritura

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La gran escritora norteamericana Carson McCullers (1917-1967) anotó:

Sólo con imaginación y realidad se llegan a conocer las cosas que requiere una novela. La realidad por sí sola nunca ha sido demasiado importante para mí. Una profesora dijo una vez que hay que escribir sobre el patio trasero de la propia casa; y con eso, imagino, quería decir que se debe escribir sobre las cosas que se conocen más íntimamente. ¿Pero hay algo más íntimo que la propia imaginación? La imaginación combina memoria con intuición, combina realidad con sueños.* (113)

Son muchas las fórmulas que se han dado sobre el funcionamiento de la escritura o, si se prefiere, de la mente de quien escribe y sus relaciones con el mundo que le rodea, del papel de su experiencia de la vida y de la imaginación misma. Y son muchas porque no todas las personas escriben de la misma manera. El trabajo de la escritura es una forma de manifestación del carácter de quien la practica y no algo que sea realiza mecánicamente. Cada escritor trata de explicar un fenómeno en el que está implicado, que no acaba de entender del todo, pero sobre el que, a veces, le gusta elaborar algún tipo de explicación. 


Establecemos habitualmente entre "realidad" e "imaginación" una polaridad distante que no es tal, ya que lo que consideramos "objetivo" lleva también el sello de nuestra percepción, un acto en el que se integran elementos históricos, culturales, etc. Nos hemos acostumbrado a separar las cosas que no están tan separadas, que funcionan íntimamente conectadas. "Vivir" es un acto complejo en el que se integran la experiencia y la memoria; se vive cada instante con toda la vida en nuestras espaldas. Somos seres históricos y la historia no es una ciencia exacta, sino narrativa y a veces demasiado imaginativa.

McCullers une en la "imaginación" lo "real" con lo "soñado", pero no todo lo real es tan real como parece ni todo lo soñado está tan alejado de lo real. La "memoria" y la "intuición" están también profundamente vinculadas ya que, en realidad, la segunda es una forma automatizada de la primera, una memoria que no necesita pasar por la consciencia.
La escritora sureña trataba de escapar del "realismo" más que de la "realidad", de la que también forman parte la imaginación y los sueños. Huía del realismo que cree que la realidad se construye por acumulación de detalles, por descripciones meticulosas de objetos reales. En otras de sus notas sobre la creación literaria escribió:

Cuando casi había terminado El corazón es un cazador solitario, mi marido mencionó que había una convención de sordomudos en una ciudad cercana, dando por hecho que querría ir a observarlos. Le respondí que no tenía ni la más mínima intención, porque ya me había hecho mi idea de los sordomudos y no quería perturbarla. Imagino que la  actitud de James Joyce cuando vivía en el extranjero era la misma y por eso nunca volvió a su hogar en Irlanda, convencido de que Dublín había quedado siempre fijado en su obra, como así es.* (107)

Su idea es la que ella necesitaba para poder dar coherencia a esa ilusión de realidad que es la ficción, sea "realista" o nos describa mundos imaginarios. Habrá quien dedique años a estudiar cualquier circunstancia de sus obras para obtener así un mayor "realismo"; ese será su "método". Pero no era el de McCullers.
Cada vez nos encontramos con más obras que consideran que el "realismo" es acumular muchos datos, bucear entre los mares de informaciones y luego verterlas en la obra. No es garantía de "buena literatura", aunque haya lectores interesados en ahorrarse leer varios libros con la información que les aportan en uno solo.
El método de McCullers, en cambio, es absorber la información justa, la necesaria para poner en marcha el proceso imaginativo que levantará sus espacios, en los que hay personas y ocurren hechos, pero todos son simbólicos porque forman parte de un universo —el narrado— en el que las cosas suceden por algo, no forman parte del ciego azar, sino que expresan un visión del mundo y sus relaciones. A McCullers no le interesaba ir a la convención sobre los sordomudos, como su marido le propuso ingenuamente, porque su objetivo no era describir a unas personas de forma minuciosa, sino la construcción de un símbolo dentro de un sistema de relaciones:

El hecho de que en El corazón es un cazador solitario, John Singer sea sordomudo es un símbolo, y el hecho de que el capitán Penderton, en Reflejos en un ojo dorado, sea homosexual, es también un símbolo de desventaja e impotencia. Singer, el sordomudo, es un símbolo de enfermedad, y ama a una persona que es incapaz de recibir su amor. Los símbolos sugieren la historia, el tema y los incidentes, y están tan entrelazados que uno no percibe de manera consciente dónde comienza la sugerencia.* (108)


En su forma de trabajo creativo, es el poder simbólico el que hace crecer a los personajes y va entretejiendo sus relaciones. A medida que van tomando forma, el relato va adquiriendo la consistencia necesaria. Aunque pueda parecer distante, nos dice McCullers: "Yo me convierto en los personajes sobre los que escribo. Estoy tan inmersa en ellos que sus motivos son los míos"* (108). Es más importante que los personajes te atrapen a ti, que les atrapes tú a ellos. Y ellos te atrapan cuando son consistentes, cuando encajan en el engranaje final.
La escritura creativa —todo arte— es un camino adoquinado con las experiencias, conocimientos y sueños de quien lo practica. Tenía razón McCullers al señalar que en la imaginación convergen memoria y sueños, pero la obra de arte no es ni lo uno ni lo otro. Son solo los materiales para iniciar la construcción.

* Carson McCullers (2007). "El sueño que florece (notas sobre la escritura), en "El mudo" y otros textos. Seix Barral, Barcelona.



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