domingo, 31 de marzo de 2013

Pigafetta y su muy ilustrado editor

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
A veces las vicisitudes del manuscrito que describe un viaje son superiores a las del propio viaje, aunque este sea el primero que se dio alrededor del mundo. El italiano Antonio Pigafetta acompañó a Elcano y Magallanes en el recorrido dando cuenta, día a día, de lo que ocurrió en un diario del que hizo copias extractadas que fue entregando a las autoridades de España y Portugal, de Francia y otra a requerimiento del Papa Clemente VII y finalmente para el gran Maestre de Rodas, Felipe de Villers Lisle-Adam. La escrita para este último, muy detallada, aparece en la Biblioteca Ambrosiana de Milán siendo recogida por el ilustrado polígrafo Carlo Amoretti, quien la sacará a la luz en 1800 y posteriormente la traducirá él mismo al francés.
El viaje había finalizado en Sevilla en 1522, pero le faltaba al manuscrito pasar por las manos de Carlo Amoretti en donde vivió no menos peligros que los que Pigafetta había sufrido en su viaje alrededor del mundo. Amoretti padecía lo que podríamos llamar los "defectos del ilustrado" que comenzaron con hacer de menos a Pigafetta, del que dice en su introducción: «Pigafetta no era ciertamente muy sabio»* (28), aunque después cita cómo Marzari, "historiador vicentino", había señalado que era famoso por toda Europa por sus conocimientos de "filosofía, matemática y astronomía". La clave retórica para que su opinión prevalezca es que Pigafetta había nacido en Vicenza, por lo que el testimonio es de un paisano.

Poco más adelante nos incluirá la siguiente consideración del autor del manuscrito que saca a la luz:

Procuraba enterarse siempre de las cosas por sí mismo y así lo demostró en frecuentes ocasiones durante la realización de las misiones particulares de que fue encargado cerca de los reyezuelos de las islas que la escuadra visitó. Veremos por su relato que nunca dejó de recorrer los campos para examinar el cultivo de las principales producciones del país, de las cuales escribió la historia natural lo menos mal que pudo, sin la precisión de un botánico, es cierto, pero con toda la exactitud de un hombre de buen sentido. No limitándose a lo que se presentaba ante sus ojos, se esforzaba en instruirse sobre las comarcas donde la escuadra no anclaba, por los indios que voluntaria o forzosamente navegaban con él. Es preciso, por tanto, convenir en que no tenía conocimientos bastante extensos de Historia Natural y de Física para apreciar debidamente cuanto veía y para distinguir la verdad de las fábulas y mentiras que le contaron sobre cosas prodigiosas, sobre los orejones, sobre las amazonas, sobre los pigmeos, etcétera, de los que con la mayor buena fe hizo ridículas descripciones. (29)*


Irritante se hace la lectura de este editor empeñado en mostrarnos sus cualidades, su superioridad respecto a aquel con el que trata a través del texto que cayó en sus manos. La descalificación es continua. Amoretti arremete de forma constante contra el autor de la obra, no solo incapaz de describir el mundo ante él y sino de entenderlo, pasto de engaños allí por donde ha ido pasando. El caballero Pigafetta aparece como un ser ridículo ante los ojos de su ilustrado presentador, quien por supuesto, convertido en juez, sí posee los conocimientos necesarios para prevenir al lector sobre el autor del texto.


Tampoco se libran los que había dado a conocer, desde los otros manuscritos anteriores, el recorrido alrededor del mundo. El texto que él ha localizado en la Biblioteca Ambrosiana, es mucho más extenso que los resúmenes elaborados para ser entregados en las cortes. Las versiones anteriores son poco menos que desastrosas. Amoretti compara un fragmento de la edición del manuscrito de Fabre con el que él ha dado y señala:

Comparando este pasaje con la traducción que yo publico, se verá que Fabre dice de una manera ininteligible y en pocas líneas lo que Pigafetta expuso claramente en nueve páginas. No pretendo, sin embargo, con este ejemplo hacer creer que el extracto está en todas partes tan reducido como en la primera página; pero en general, es demasiado conciso, muy oscuro y poco exacto. (38)*


Donde anteriormente veíamos acusaciones contra Pigafetta, ahora lo son contra el editor anterior, el francés Antonio Fabre. Con otro lugar donde apuntar, a Amoretti le interesa resaltar la claridad de Pigafetta para resaltar los valores de su edición frente a las anteriores.

Charles de Brosses
Pero donde Carlo Amoretti revela todos sus defectos ilustrados es en el párrafo en el que describe cómo se ha enfrentado al texto y lo que ha hecho con él:

XXVII. Ahora bien: la que voy a publicar es la traducción de este manuscrito. Le he traducido en buen italiano, por decirlo así, de su lengua original, que es una mezcla de italiano, de veneciano y de español, porque si lo hubiese dado a la estampa tal y como está, en lugar de instruir deleitando, este viaje hubiera seguramente enojado y repelido al lector. Del italiano le he traducido al francés; pero en las notas frecuentemente he transcrito pasajes exactamente como están escritos en el manuscrito. He puesto los mismos nombres que el autor ha dado a los países nuevos que vio, indicando en las notas los que tienen actualmente. Por la misma razón he dejado en la obra los errores de Pigafetta sobre los objetos de Física y de Historia natural, contentándome con advertírselo al lector. He expuesto más decorosamente ciertas costumbres que el autor por sí mismo ha oído contar. No ignoro que en las narraciones de nuestro viajero hay frecuentemente cosas inútiles y algunas veces absurdas; pero diré, como el presidente De Brosses, que sobre todo se siente la curiosidad de saber cómo han sido vistas las cosas por el primero de todos los que las han visto, y que es necesario respetar las observaciones de los más antiguos viajeros, aunque a menudo carezcan de un recto juicio; y como los autores célebres han hecho llegar hasta nosotros, aun en los extractos, las faltas e inexactitudes de sus escritores, pienso que era preciso seguir su ejemplo al publicar este viaje. (34-35)*



El "buen italiano", claro, es el suyo, pareciéndole deleznable el usado originariamente, que le parece como es característico de un ilustrado una mezcla horrenda, casi contra natura. Lo ha hecho, por supuesto, para evitar el rechazo y enojo del lector, que se habría sentido ofendido ante lo que tenía delante. La idea de "instruir deleitando" que le ha guiado es el lema ilustrado que justifica los cambios. El "deleite" lo pone él con su estilo puro. También la "instrucción" mediante el sistema de aclaraciones sobre los errores del viajero Pigafetta. Dentro del marco de los desvelos para con los posibles lectores, Amoretti los ha protegido mediante la censura de todas aquellas "costumbres" que no consideraba adecuadas. Su labor de protección de la Lengua se extiende a las mentes de los receptores y su sentido del decoro.

Monumento a Pigafetta en su ciudad natal
Finalmente, se cita a Charles De Brosses, un célebre ilustrado, jurista, y autor entre otros textos de la Histoire des navegations australes terrestres (1756), como justificación de publicar la obra a pesar de lo "inútil" y "absurdo" de lo que se cuenta y de la ausencia de "recto juicio". Casi una disculpa que sirve para engrandecer su tarea en detrimento de la de los demás, incluido el autor, al que se mejora. Los historiadores posteriores se han enfrentado de forma muy crítica y recriminatoria al trabajo de Amoretti, falto quizá del amor que cualquier editor y traductor debe mantener con su texto. Parece que Amoretti encontró el documento, pero el documento no le encontró a él. Quizá su forma de enfocar la tarea, sus prejuicios, no eran la actitud más adecuada.
Padecía Carlo Amoretti los defectos clásicos del "ilustrado" de casi todas las épocas: el desprecio por lo que no considera a su propia altura, que es casi todo. Solo su trabajo y esfuerzo dignifica el de los demás, que deberían dar las gracias por pulirles los defectos en consideración a su público, al que dicen siempre proteger del aburrimiento, del engaño, la inexactitud o la indecencia. Si ellos hubieran estado allí, lo habrían hecho mejor. ¡Lástima no poder estar en todas partes, en todo tiempo!

* Antonio Pigafetta (1963 5ª) Primer viaje en torno al globo. Col. Austral 207. Espasa Calpe, Madrid.

Nota: Existe una versión on-line de la edición de la editorial Calpe, de la edición de 1922, previa a la citada aquí, que es la posterior de Espasa-Calpe, de 1941. El texto es el mismo con alguna variación en la paginación. 

http://archive.org/stream/primerviajeentor00piga#page/n0/mode/2up



Magallanes

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