miércoles, 20 de marzo de 2013

Iconoclastia del embudo

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Hay cosas que es mejor no comprobar cómo pueden terminar. Es sensato ser sensato. El caso de la polémica falla valenciana que nos cuentan los diarios hoy nos avisa de que debemos ser más cuidadosos desde que el mundo se ha hecho más pequeño, más próximo, tanto que casi todo se puede tocar.
Puestos a elegir entre todos los motivos posibles, a algunos artistas falleros se les ocurrió hacer una falla con un divertido elefante rosa y unas cuantas figuras exóticas que daba la casualidad que eran representaciones de los dioses de la religión hindú, sus símbolos sagrados. El diario El País nos cuenta:

Esta falla, de la sección Primera B y cuyo lema era Vells contes de la Índia (Viejos relatos de la India), es obra del artista Sergi Fandos y está rematada con una gran figura de un elefante que representa al dios hindú Ganesha, una de las deidades del país asiático.
Los presidentes de la comisión Ceramista Ros, de la Junta Central Fallera y del templo Hindú, Swami Omkarananda, llegaron a un acuerdo y decidieron que “en prueba de buena fe y de cooperación”, se indultó anoche la figura que evocaba a la divinidad de Shiva Nataraja. La figura indultada se donará al Templo Hindú. También se quitaron del elefante que remataba la falla, los atributos sagrados.*

Todo esto, esta buena voluntad, es loable una vez detectado el problema. Porque es un problema. Es sobre todo un problema de nuestra forma de entender —o de no entender— cómo funciona el mundo más allá de los límites castizos de nuestro pequeño mundo, que funciona de forma independiente a nuestros deseos y apetencias. Me imagino que todos los valencianos —y una mayoría de seres humanos— se alegrarán porque las Fallas se sigan conociendo en el mundo como una actividad festiva y no de una manera trágica que podría haber entrado en el negro listado de provocaciones sangrientas que acaban pagando justos por pecadores en cualquier lugar del mundo.
De salida advirtamos que el caso fallero no tiene nada que ver con otros como la quema de coranes por ese tarado que se llama Terry Jones o la realización del vídeo sobre Mahoma. Pero esa distinción no sirve de nada en quien no la entiende y solo ve lo que necesita ver: la quema de sus símbolos sagrados, algo que —sin venir a cuento— alguien se dedica a hacer en una parte del mundo que hasta el momento desconocía dando saltos alrededor de una hoguera.

Una señora que sale en el vídeo de El País TV señala que aquí "se quema al rey Juan Carlos y no pasa nada". Y tiene razón en eso, pero no es lo mismo que lo quemen en la India; significa otra cosa. Si mañana en cualquier ciudad de la India se dedicaran a quemar imágenes de la Virgen del Pilar, de la Moreneta o de cualquier otra imagen reverenciada en nuestro solar patrio, seguro que algunos, molestos, protestarían. La misma devoción con la que los valencianos ofrecen las flores para cubrir el manto de su gigantesca figura de la Virgen en estas mismas fiestas es la que sienten personas de otras partes del mundo por sus símbolos. Nos muestran  llorando por la emoción a algunas jóvenes que han dejado sus ramos para cubrir el manto de la "Geperudeta", la Virgen de los Desamparados. Uno de los encuestados señala, con sentido común, que a él no le gustaría que se quemara a la "Geperudeta", que lo entiende. Otras opiniones recogidas sobre la cuestión en el vídeo de El País repiten mecánicamente que hay que quemarla porque "es la tradición". Tan iconoclastas para unas cosas y tan "tradicionales" para otras. Es la ley del embudo de la iconoclastia: lo mío, tradición; lo de los demás, superchería.

La gracia de las Fallas no está en quemar símbolos religiosos de otras culturas; la gracia esta en quemar figuras de nuestros políticos, deportistas, del rey, incluso. Una Rita Barberá hindú esta perfectamente justificada en la falla. Y como somos europeos, también la de Angela Merkel; y como estamos en la OTAN, las de Barack Obama o George Bush. Lo iconoclasta está en quemar lo nuestro, con lo que tenemos vínculos contexuales, y no lo ajeno y descontextualizado porque entonces surgen problemas como este al incluir las divinidades hindúes entremezcladas que arderán junto a los políticos locales, que se lo merecen. Deja de ser una ejercicio festivo de crítica y autocrítica y pasa a serlo de violencia y agresión simbólica gratuita contra los otros, sin más. Y vete a explicarles, antes de que la monten, a los millones de hindúes que quemar sus símbolos religiosos es una cosa muy divertida que hacen en España para celebrar el día de San José. ¿San José?, preguntarán entonces los hindúes muy interesados. «Sí, un santo por el que sienten mucha devoción en aquella ciudad y le dedican sus fiestas», explicaremos. «Entonces, ¿es algo religioso?» «Pues sí y no...», dudaremos. «¿Y podemos quemarlo nosotros?», preguntarán los hindúes muy interesados. «Pues, no sé...», diríamos.


Ayer estuvo a punto de quemarse un hombre frente a la Falla en cuestión. Podemos pensar que es un loco, un fanático, un simple creyente o lo que queramos pensar. Una persona, al fin y al cabo. Es un aviso. El asunto podía haber causado problemas graves en algo cuya función es divertirse y atraer a miles de turistas de todo el mundo.

La gracia de las Fallas está en ser irreverentes, como apuntaba la señora del vídeo. Pero debemos ser conscientes que no tenemos la exclusiva sobre qué es divertido y qué no lo es, sobre lo sagrado y lo profano. Que nosotros mostremos nuestro desapego por nuestros propios símbolos, ya sea por diversión o por agresión, no nos autoriza a hacer lo mismo con lo de los demás. Que hayamos llegado a una especie de "nirvana" de la iconoclastia en el que quemamos nuestras banderas, silbamos nuestros himnos, etc. no significa que los demás lo hagan y menos que lo entiendan. Y, por supuesto, menos todavía que lo hagamos con los de los demás. Nos cuentan en el diario El Mundo que «varios vecinos gritaban desde balcones cercanos lemas amenazantes como "esta falla, la vamos a quemar".»** Seguro que si se hubiera producido un asalto y prendido fuego a alguna legación española en alguna parte del mundo, también hubieran saltado manifestando su satisfacción. Hay gente para todo y el sentido común mal repartido, aunque salga la media.
El hindú que amenazó con quemarse si los símbolos que para él representan algo importante y respetable fue detenido a tiempo y se puedo evitar una tragedia que habría puesto en los periódicos de medio mundo el caso. A algunos, deseosos de notoriedad, hasta les habría parecido bien. Pero a los ojos del mundo, Valencia y sus fiestas ya no serían lo que han sido hasta ahora, sino que habrían mostrado un sesgo violento que a muchos no les gustaría. La Comisión fallera ha hecho bien en dialogar con la comunidad hindú para lograr un acuerdo. De todo se aprende y me imagino que se habrá sacado alguna consecuencia para el futuro.


El mundo, como decíamos al principio, se ha hecho más pequeño y con los tabiques más finos, de tal forma que se escucha todo. Que no respetemos lo nuestro es cosa nuestra; pero que no lo hagamos con lo de los demás tiene sus riesgos. Los hindúes tienen sus tradiciones y no se meten con nadie. Meterse con los demás no es una tradición, es un ejercicio arriesgado entre la osadía y la ignorancia. Aunque algunos lo piensen, no somos el centro del mundo.
Una fiesta que aspira a ser declarada Patrrimonio Inmaterial de la Humanidad tiene que ser generosa y respetuosa con esa humanidad variada para que pueda disfrutarla sin distinciones. Afortunadamente lo han hecho. La decisión está en el aire.




* "Un detenido por la polémica de la falla con símbolos hindúes" El País 19/03/2013 http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/03/19/valencia/1363691895_212875.html?autoplay=1
** "Un hindú intenta prenderse fuego ante la falla que se centraba en su religión" El Mundo 20/03/2013 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/03/20/valencia/1363736180.html



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