martes, 19 de marzo de 2013

El declive

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La corresponsal del diario El País en Washington da cuenta de los resultados del informa anual del Estado del Periodismo 2013*. Los datos son negativos, como era de esperar. Sin embargo —como también era de esperar—, lo importante es el análisis de por qué se ha llegado a esa situación y cuáles son las consecuencias futuras. Señalan en el diario:

Años y años de recortes en las redacciones de los medios han pasado factura a la calidad y han expulsado del mercado a cerca de un tercio de los consumidores, según el estudio del Estado del Periodismo 2013 en Estados Unidos del Centro de Investigación Pew hecho público ayer. Las plantillas de los medios de comunicación han bajado un 30%, por la pésima situación del negocio, desde el que fue su mejor momento en 2000, sumando ahora menos de 40.000 personas, la cifra más baja desde 1978, según el estudio. En 2012, Newsweek cerró su edición impresa tras 80 años en los quioscos y Time —la otra gran revista semanal de actualidad— ha reducido su plantilla en un 5% dentro de una campaña más amplia de despidos de la empresa.*

Los datos están sobre la mesa. Las interpretaciones, en cambio, son plurales y nadie admite la responsabilidad en el fracaso del modelo desarrollado hasta el momento. Desde que comenzó el traslado de la Prensa a la Red, en la segunda mitad de los años 90, no se han dado más que bandazos persiguiendo gallinas a las que algunos gurús habían visto en sueños poniendo huevos de oro. El hecho real es que se ha ido hundiendo el sistema perdiendo más y más lectores, despidiendo más y más profesionales.
Se olvidaron dos cosas importantes: que los medios nuevos se tragaban los medios viejos, en el sentido macluhaniano de "contenerlos", lo que disolvía las diferencias clásicas entre unos y otros, pasando a consumirse la información por los mismos canales digitales; y, en segundo lugar, que los públicos se segmentaban por las tecnologías que usaban en función de su aprendizaje de los propios medios. Son los medios los que han enseñado a sus lectores a abandonarlos.
Empeñados en hacer que todo pasara por sus "páginas" (cuyo nombre no era ya más que una metáfora), se disolvían las antiguas diferencias creando un continuo informativo basado en la captación de la atención, concepto clave de un nuevo tipo de economía (la llamada "economía de la atención") centrada en la capacidad de "atraer". La información se deslizaba hacia el espectáculo, los medios hacia la convergencia y los lectores hacía la confusión.


Los lectores ya no llegan a la prensa como un "ascenso" hacia la madurez, reflejo de su interés por lo que ocurre en su entorno; prácticamente nacen vinculados a unos dispositivos en los que se canalizan todo tipo de informaciones (en sentido muy amplio), de teléfonos a ordenadores, tablets y consolas, en competencia por conseguir su atención. Con sus desplazamientos, el medio ha perdido sus señas de identidad arrastrando la actividad periodística con él.
Resume El País algunas de las consecuencias de estos cambios:

Los reportajes han sido apartados para dejar paso a horas de información sobre el tráfico, el tiempo y los deportes, que suman un total del 40% de los contenidos producidos por las cadenas de televisión, las cuales han reducido a la mitad entre 2007 y 2012 las historias propias. Las tres grandes cadenas de noticias por cable (CNN, MSNBC y FOX) han rebajado un 30% sus noticias en directo desde 2007 —requieren un periodista y el desplazamiento de un equipo— y han apostado por entrevistas en el plató. Publicaciones como Forbes han asumido el uso de ciertas tecnologías que producen los contenidos sin la necesidad de la intervención de una persona.*

Habrá quienes piensen que eso ha sido una reacción para evitar el desastre, pero no solo no ha arreglado nada, sino que ha profundizado en él acelerándolo. La reducción de las redacciones puede ser la causa o el efecto, pero es un hecho. No hay impedimento en que sea ambas cosas dentro de una circularidad nefasta.
El origen, sin embargo, está en el eslabón más débil de la cadena: la formación de los lectores. El "interés" no es algo obvio, sobre todo cuando se lucha con otro tipo de medios en el mismo campo de juego. Lo paradójico es que, imitando a sus competidores, han sembrado su propio desastre. Se empezó diciendo que había que escribir sin sobrepasar el espacio de "una pantalla" y se acabó haciendo tuits, con las bendiciones de los gurús de la brevedad.


Se ha errado en la estrategias y los fines. La realidad es que los que buscan información cada vez desconfían más de encontrarla en los medios trivializados. Sin embargo, la necesidad persiste. El ejemplo más claro de todo esto es la proliferación de conceptos como "periodismo ciudadano", "periodismo social", "micromedios", etc. que hacen ver que la necesidad de estar informados ha crecido ante la complejidad del mundo y la multiplicación de los focos informativos por la globalización, pero que la respuesta de los medios profesionales ha sido trivializar la información, simplificándola hasta la estupidez en muchos casos. La pedagogía negativa ha funcionado.

Como muestra basta comprobar las programaciones de muchos canales televisivos y el destrozo de cualquier atisbo de cultura o análisis, que son rechazados de forma general porque "no interesa". La concentración en los deportes, como se señala en el informe, es característica de esa espectacularización. El deporte necesita aumentar sus dimensiones para convertirse en un espectáculo cada vez más caro. Las deudas del fútbol español, hechas públicas estos días, son un buen ejemplo de ello. La espiral del encarecimiento arrasa con medios y clubes. Necesita traducirse en tiempo y espacio para justificar la inversión. Los clubes necesitan de los medios para llenar los estadios y los medios de los clubes para vender. Pero no siempre funciona y muchos estadios quedan semivacíos y los periódicos sin lectores. Es solo un ejemplo de un modelo.
Las dos principales cadenas privadas españolas compitiendo con programas de saltos de trampolín, los periódicos desdoblados en Jeckyll y Hyde, o reduciendo parte de sus informaciones a listados de los "diez mejores...", etc., son síntomas de la decadencia de los medios tradicionales, de su suicidio en busca de audiencias a cualquier precio.
El éxito de cualquier medio proviene de su interacción creciente con un público al que arrastra hacia arriba y no hacia abajo. Es una obviedad difícil de aceptar que solo un público competente buscará información de calidad. Y son los propios medios —no exclusivamente— quienes acaban con sus públicos convirtiéndolos en malos lectores.

Se recoge en el diario El País:

[...] en opinión de David Westin, expresidente de noticias de la cadena ABC, “la cuestión es si los consumidores abandonan a una destacada organización de noticias porque no obtienen lo que buscan o si esas organizaciones no pueden costear ya dar más información porque se van los consumidores”.

Esa pregunta implica que los lectores que han abandonado los medios, un 30%, son conscientes de "lo que buscan". Quizá no se vayan porque "no encuentran", sino porque a muchos ya no les interesa buscar. No se ha tenido en cuenta en los cálculos el efecto del deterioro cultural de los propios medios, deformando sus demandas con sus ofertas. Los gurús informativos solo contemplaban las audiencias en términos potenciales de millones, olvidando el principio enunciado por Marshall MacLuhan de que cuanto más amplia fuera la audiencia de un medio, más se condenaba a la trivialidad. Y nadie está dispuesto a pagar por ella demasiado tiempo.
Te tiene que interesar el mundo para desear estar "bien informado". Y la trivialidad atencional hace lo contrario. Claro que los recortes "minan la calidad", pero hace tiempo que algunos medios la consideraron innecesaria y prefirieron ofrecer otras cosas.

* "Los recortes minan la calidad de los medios en EE UU" El País 18/03/2013http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/03/18/actualidad/1363639206_515419.html





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