domingo, 3 de marzo de 2013

Cuatro anillos

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Guardé la noticia a mediados de enero y allí quedó perdida hasta que hoy, al hacer limpieza en el escritorio, reapareció. Quizá la vista de dos películas ayer que —sin premeditación— tenían que ver con la culpa, me ha hecho recuperarla y no enviarla al olvido definitivo.
La noticia, que apareció en medios de todo el mundo como algo anecdótico —no una 'noticia' sino una 'anécdota'—, nos contaba la devolución de cuatro anillos robados en una fiesta juvenil quince años antes. Los cuatro anillos venían acompañados de una nota en la que se pedía disculpas por el error cometido y por el posible daño causado con la acción.
Quizá el remordimiento sea el más complejo de nuestros sentimientos. No es sencillo explicar los sentimientos, pero el remordimiento, el sentido de la culpabilidad por haber realizado una acción, haber dicho algo, etc., es de lo que más nos cuesta explicar y tiene una gran dimensión interior. Frente a los juicios exteriores, ante los que podemos rebelarnos, difícilmente podemos escapar del sentimiento culpable y los remordimientos que desencadena.

En la carta que el entonces ladrón juvenil envió junto con los anillos escribió: « I am so truly sorry for any pain, heartache that my actions may have caused your family. I hope that you can find it in your hearts to forgive me. As an adult I realize how sentimental items like this can be.»
La referencia a su comprensión del valor que los objetos pueden tener en la vida de las personas es reveladora de la diferencia de apreciación que cada edad tiene de las cosas. Solemos considerar la adolescencia —el ladrón o ladrona tenía entonces 16 años— como un mundo de sentimientos confusos e intensos. Son los sentimientos que marcan la transición a la edad adulta. En la carta que envía nos habla de su comprensión y aprecio del "valor sentimental" que los objetos pueden llegar a tener. Es el tránsito del sentimiento centrado en el yo y el desplazado a un objeto, al que se le transfiere un valor que proviene de la experiencia propia. Ya tiene una "historia" tras de sí; ha aprendido que el mundo desaparece cada día y que nos quedan los recuerdos.
Cuando aquel joven no pudo resistirse al robo de los anillos, solo pensaba en sí mismo. Satisfacía con el robo un impulso que no supo controlar. ¿Qué ha ocurrido en esos quince años que median entre el robo y su devolución? Probablemente una maduración dolorosa de esa persona hasta que comprendió que necesitaba devolver lo que se había llevado. Comprendió el daño causado cuando él mismo lo experimentó. De ahí esa observación en la carta: "como adulto" comprendo lo que "como adolescente" no comprendí. No es una cuestión de "honradez" es una cuestión de remordimiento, por eso pide el perdón, porque ha comprendido que el daño causado no se elimina con la devolución. Ha sufrido por ello desde que fueron robados.


Los cuatro anillos tienen su historia. Cada uno de ellos representa una parte de las vidas de personas. Nos contaba el ABC: «[...] uno de ellos era la alianza de matrimonio de la madre de Margot. Otro de ellos es un anillo con un pequeño diamante, que el padre de Margot regaló a su madre para celebrar el nacimiento de su hermana mayor. Los dos anillos restantes son las alianzas de boda de sus abuelos.»* Hay toda una historia en ellos; una historia que solo puede ver el que la conoce, un desencadenamiento de sentimientos y recuerdos que solo surgen cuando quien los toca ha vivido en contacto con las personas que han participado de la historia común.
Cuando crecemos cada vez guardamos más cosas "inútiles". Lo hacemos porque representan algo, porciones compartidas de nuestra vida, momentos con otros, la felicidad que se escapa entre los dedos del tiempo y que encerramos en esos objetos. Son las llaves que abren las puertas de los recuerdos, algo que va ganando terreno en nuestra vida. Somos animales sentimentales, escindidos entre nuestro presente y nuestros recuerdos, que atesoramos o tratamos de alejar de nosotros cuando son dolorosos.

La devolución de los cuatro anillos es una forma de deshacerse de un recuerdo que se fue haciendo más doloroso en la vida de quien lo hizo, un secreto que le dañaba. El hecho de que haya tenido guardados tantos años los anillos es indicativo de que ese día su vida se transformó —como si fuera un personaje de Dostoievski, de Golding, de Green— y se inició una lucha con sus remordimientos.
Los seres humanos diputamos muchas batallas cada día, no solo externamente, sino con nosotros mismos, batallas terribles y secretas que solo nosotros sabemos y en las que comenzamos nuestra propia reconquista innumerables veces. Tras el asalto, si hemos conseguido tomar el castillo interior, procedemos a liberar los rehenes que quedaron encerrados entre sus oscuras paredes.
En estos tiempos en los que muchos deberían tener remordimientos y no los tienen, gratifica saber que en un pequeño pueblo de Oregon, alguien ganó su propia batalla y pidió perdón. El remordimiento existe porque existe la conciencia. Algunos han querido empezar la casa por el tejado y eliminar el sentimiento de culpa antes de eliminar la injusticia. Tremendo error que solo hace más felices a los delincuentes.

* "Devuelve cuatro anillos que había robado hacía 15 años" ABC 17/01/2013 http://www.abc.es/sociedad/20130117/abci-ladron-devuelve-anillos-201301171104.html



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