sábado, 26 de enero de 2013

Las culturas, lo particular y lo universal

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
La pregunta que se hace Hamid Damashi, iraní, profesor de Estudios iraníes y Literatura comparada de la Universidad de Columbia (USA), desde las páginas de Aljazeera se contesta sola: "Can non-Europeans think?" Lo importante no es la respuesta —que obviamente es — sino por qué se llega a hacerse una pregunta tan absurda.
En su artículo se plantea la vieja cuestión del canon, de las jerarquías y mapas culturales, en última instancia, de la falsa "universalidad" de las culturas. Se pregunta, en sus propias palabras, por qué cuando Mozart estornuda es "música" y cuando lo hacen grandes maestros de otras culturas no. Dice que lo que los "occidentales" pensamos lo incluimos bajo la etiqueta de "Filosofía" y es "universal", mientras que lo que hacen en otras culturas queda como algo anecdótico, como pensamiento etnográfico, como una especie local.

No hay ninguna novedad en las preguntas de Damashi y creo que en el plano del pensamiento crítico cultural están resueltas hace tiempo. Una cultura —cualquier cultura— es siempre un punto de vista, una perspectiva ordenadora que establece un sistema de categorizaciones basado en sus propias pertinencias. Eso lo hizo Roma llamando "bárbaros" a los que estaban fuera de sus límites; el islam llamando "infieles" y el cristianismo "paganos" a los que no asumían sus religiones. No hay novedad.
La novedad es que Hamid Damashi se pueda hacer esa pregunta desde una Cátedra de Estudios Iraníes y Literatura Comparada de la Universidad de Columbia en los Estados Unidos y refleje sus dudas y recelos en un medio árabe, Aljazeera, en inglés.
La pregunta es vieja y constante. Lo que es interesante comprobar es que la respuesta varía en función de las condiciones históricas. Hoy vivimos en un mundo interconectado. Esto no significa que nos conozcamos mejor, sino que hay la posibilidad de conocerse. También de malinterpretarse. La conexión se aprovecha en muchas ocasiones para la transmisión de tópicos y distorsiones más que para un conocimiento efectivo. Porque ¿qué es conocerse?
El artículo de Damashi está presidido por una fotografía de un sonriente Michel Foucault, para muchos el "filósofo moderno", como lo fueron anteriormente Platón y Aristóteles, Descartes y Kant. Foucault es lo que llamaría George Lakoff, el "prototipo" de "filósofo moderno"; si se le pidiera a alguien que citara un "filósofo moderno", habría un porcentaje elevado de personas (dentro de la minoría al tanto) que responderían "Foucault". Para ello hay que tener una categorías que son "filosofía", "filósofo" y "filósofo moderno". Esas categorías tienen unos límites que se definen en el interior de cada cultura, que es un sistema de clasificación valorativa de la información que circula en su interior. Y de la que llega del exterior, de la periferia.

El egipcio Naguib Mahfuz, premio Nobel de Literatura

Cuando le concedieron el premio Nobel de Literatura a "nuestro" Camilo José Cela, coincidió con una comida de miembros del departamento de Filología, en el que yo me encontraba en aquellos momentos. Una profesora me manifestó su satisfacción y apuntó «¡Menos mal! Parece que ya han dejado de dar el premio a escritores de países exóticos!». Mi respuesta fue: «¿Tú crees?». Los premios anteriores habían sido para Woyle Soyinka (Senegal), Joseph Brodsky (un ruso americano) y el egipcio Naguib Mahfuz. A los ojos del mundo, en 1989, se lo habían dado a un "exótico" y desconocido español. Siempre conocemos mejor lo próximo, que es nuestro centro, y menos lo alejado. Eso es inevitable.

La cuestión central es la relación que mantenemos con nuestra relativa periferia —cada uno con la suya—, cómo establecemos los flujos entre centro y periferia y —sobre todo— la actitud que nos guía. Lo que hoy es inaceptable y solo los más lerdos pueden sostener es lo que Damashi se pregunta retóricamente, pero que algunos se pueden tomar literalmente: la posibilidad de un pensamiento —en sentido amplio, como conocimiento, arte, etc.— más allá del "nuestro". Nada hay más peligroso que la ignorancia orgullosa, el chovinismo negador de los valores (de la mera posibilidad incluso) de los demás.
La clave no está en preguntarse "si es posible pensar". La cuestión es cómo conseguir que ese pensamiento circule con menos restricciones culturales. La pregunta que se le podría hacer, por ejemplo al propio Damashi: ¿qué acciones realizas tú, conocedor de ambos mundos, para que se conozcan mejor unos y otros? Los esfuerzos por conocer una cultura solo se realizan desde su propio interior puesto que es su percepción valorativa, sus filtros, lo que hay que modificar.
Pero esto es más importante que los relativismos y ninguneos de los departamentos universitarios a los que consideran "exóticos" o "periféricos", algo que el mundo académico suele hacer con excesiva frecuencia. Nos afecta hoy en un mundo mucho más interconectado, con una copresencia histórica de los acontecimientos.
Escribe Damashi sobre los cambios producidos en el mundo árabe y sus consecuencias:

The world at large, and the Arab and Muslim world in particular, is going through world historic changes - these changes have produced thinkers, poets, artists, and public intellectuals at the centre of their moral and politicial imagination - all thinking and acting in terms at once domestic to their immediate geography and yet global in its consequences.
Compared to those liberating tsunamis now turning the world upside down, cliche-ridden assumption about Europe and its increasingly provincialised philosophical pedigree is a tempest in the cup. Reduced to its own fair share of the humanity at large, and like all other continents and climes, Europe has much to teach the world, but now on a far more leveled and democratic playing field, where its philosophy is European philosophy not "Philosophy", its music European music not "Music", and no infomercial would be necessary to sell its public intellectuals as "Public Intellectuals".



Quizá debería señalar también que esos extraordinarios cambios se han producido —en lo que se avanza algo y no se retrocede— con la resistencia de las autoridades de los propios países en los que se han dado, que también esas estructuras forman parte de una "cultura". Los obstáculos a los pensadores, artistas, escritores, etc. que brillan en los países en levantamiento no es Occidente quien los pone, sino las autoridades oficiales o sociales de sus países, que son quienes les silencian, encarcelan, torturan o matan. También nosotros tenemos nuestro propio historial, claro.

Orhan Pamuk, turco, Premio Nobel
Occidente concedió el Premio Nobel a Naguib Mahfuz y un islamista le rajó el cuello en un café cairota; el premio Nobel turco Orhan Pamuk —por cierto, doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense, mi universidad— ha tenido que salir de su país por amenazas de muerte y las campañas de descrédito contra él, acabando refugiado en las aulas de la Universidad de Columbia, como el propio Damashi, de quien desconozco si está allí por voluntad propia o por alejamiento preventivo. El mayor obstáculo para el desarrollo e intercambio cultural —que posibilite un mejor conocimiento— está en los sistemas abiertos o cerrados que esas culturas suponen para sus propios miembros —puede que alguien piense que eso de "abierto" o "cerrado" es un prejuicio popperiano y occidentalista surgido de nuestra incapacidad de entender otros mundos a los que juzgamos desde nuestras posiciones—. No se trata de cómo evaluamos a los demás, sino, en primer lugar, de cómo se evalúan ellos mismos. Es esencial que en todos los países florezca el pensamiento, las artes, la ciencia, etc. Y a ser posible que no lo haga en las cárceles o en el exilio. Aquí o allí, en todas partes.
El que nuestros programas académicos, nuestras cátedras, libros de historia, etc., sean "eurocéntricos" es solo parte del problema. Puede que nuestro problema sea, como señala Hamid Damashi, el creciente "provincianismo" occidental al ignorar a los pensadores que surgen en otras partes del mundo. Totalmente de acuerdo. Pero es más urgente todavía asegurarse que esos pensadores, artistas, científicos... no son castigados por los regímenes que aíslan a sus miembros más valiosos silenciándolos y encerrándolos para evitar que lleguen a sus propios pueblos con sus pensamientos, poemas, cuadros, películas y todo aquello con lo que contribuyen a su propia cultura.

Asghar Farhadi,  iraní, con su Oscar 2011  recibido por "Una separación"

Cuando hablo con alumnos de otras culturas distintas a la nuestra, les digo siempre lo mismo: que al hablar dos idiomas, adquieren un compromiso, el de actuar como puente para hacer llegar lo más valioso de una cultura a la otra. Supongo que es lo que hace Hamid Damashi desde la cátedra de Estudios Iraníes y Literatura Comparada que la Universidad de  Columbia, en Nueva York, creó. Es lo que yo trato de hacer cuando pongo alguna de esas maravillosas películas iraníes a mis alumnos o les acercó a la poesía e historias del gran Yamal Od-Din Rumi; que comprendan que hay otras formás más allá de las que tenemos delante todos los días, que existen otras formas de expresarse, de pensar que también tienen valor y que debemos intentar realizar un esfuerzo en su comprensión por nosotros mismos, porque son fuente de conocimiento, ampliación y apertura de nosotros mismos.


Rumi enseñó "que las cosas tienen muchos nombres, y que los nombres, al fin y al cabo, solo son invenciones del hombre" ("Nombres").  Las culturas son las "invenciones" del hombre, los bosques de símbolos, los árboles que no nos dejan ver el bosque. Rumi dijo "el árbol de la vida está en todas partes, no solo en Indostán" —donde habían ido a buscarlo— y que quien lo busca en un solo punto no lo encuentra. Las raíces, nos dijo, están en el corazón.  Y es verdad.

* "Can non-Europeans think?" Aljazeera 15/01/2013 http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2013/01/2013114142638797542.html








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