viernes, 25 de mayo de 2012

Los niveles de la crisis

Joaquín Mª Aguirre (UCM)
Cuanto más compleja es una situación —inciden en ella un mayor número de variables—, es más difícil de predecir, controlar y resolver. Puede que la causa de los males se encuentre en nosotros, pero puede también que las soluciones no lo estén. Esta paradoja es típica de las situaciones complejas. En ocasiones es al contrario y son los problemas de otros los que te arrastran por los excesos de dependencia que la globalización ha creado. Tú vas bien, pero las cosas se tuercen.
La subcrisis europea, la que nos afecta como Unión, es una crisis de nivel intermedio entre la crisis global y las locales, como la española, que tiene otros dos peldaños más, el autonómico y el municipal. Europa intenta solucionar crisis como las de Grecia o la española para evitar su propia crisis general, la que afecta a todos; el estado trata de solucionar la crisis de las autonomías poniéndolas en vereda del gasto; los gobiernos autonómicos tratan de controlar a los ayuntamientos que deben a los proveedores y estos finalmente presionan a sus vecinos que también se endeudan. Las personas son las que padecen los efectos y secuelas de las crisis de todas las instituciones que están sobre ellas. Lo padecen en forma de desempleo y de deudas, ambas a la vez en muchas ocasiones.
 A su vez, todas estas crisis están determinando las posibles soluciones europeas y las posibles medidas afectan al resto de las economías —USA, China, Japón…—, que están profundamente entrelazadas. Nadie puede poner el dedo en la crisis porque está repartida por todo el tejido social, nacional e internacional.
Cuando las cosas van bien, las teorías armoniosas suelen ser aceptadas por todos. Nadie cuestiona las bonanzas ni dedica más de dos minutos a explicarlas. Pero cuando empiezan a ir mal, las teorías sobre las causas y responsabilidades, primero, y sobre las respuestas, después, se suelen multiplicar. Es lo que ocurre en las discrepancias entre Europa y Estados Unidos, por un lado, y por otro lado dentro de la propia Europa.



Raghuram M Rajan
El economista y catedrático de la Universidad de Chicago, Raghuram G. Rajan, fue uno de los que advirtieron con más precisión la crisis financiera que se avecinaba y, por el mismo motivo, uno de los más ignorados en su momento. En su obra Grietas del sistema —galardonada con el premio Financial Times / Goldman Sachs al mejor libro de economía del año—, apuntaba lo siguiente:

La economía global es frágil porque la escasa demanda nacional de los exportadores tradicionales presiona a otros países para que aumenten el gasto. Como los exportadores tienen un exceso de bienes que suministrar, países como España, Reino Unido y Estados Unidos —que ignoran el creciente endeudamiento de las familias e incluso lo fomentan— y países como Grecia —que carece de la voluntad política para controlar el populismo gubernamental y las exigencias sindicales— suelen tener manga ancha. Finalmente, el elevado endeudamiento de las familias y del gobierno de estos países limita la expansión de la demanda y conduce a un ajuste drástico en todos los aspectos. Pero mientras los países grandes como Alemania y Japón tengan una inclinación estructural —realmente necesaria— a las exportaciones, el suministro mundial barre el mundo entero en busca de países con las políticas más endebles o, al menos, la mínima disciplina, tentándolos a gastar hasta que sencillamente no pueden soportarlo y sucumben a la crisis. (21)*

La reflexión de Rajan me parece adecuada con una matización. España tiene también males griegos en los niveles autonómicos y municipales. Tenemos los males de los países grandes y también los males griegos de las economías populistas menores. Los grados de endeudamiento de Autonomías y ayuntamientos se revelan como característicos de estos males. El protagonismo autonómico es indudable en nuestro caso.

Si la explicación de Rajan además de ser coherente es cierta, implicaría que los problemas de la crisis europea tendrían mala solución porque en ese nivel la solución no podría satisfacer a todos los países. El creciente aislamiento de Alemania así parece demostrarlo: Alemania se quedará sola porque la solución que propone es alemana. Hace un tiempo lo dijimos claramente: Alemania le pide a los demás que sean alemanes, algo imposible porque Alemania es Alemania gracias a que los demás no lo son.
Eso que Rajan llama la “inclinación estructural” de Alemania o Japón a la exportación tiene su complemento en que los demás deben ser gastadores comprando los excesos productivos de Alemania. Alemania exige la austeridad del gasto cuando ella no practica la austeridad productiva, concepto extraño pero no por ello incomprensible. Pero no es lo mismo apretarse el cinturón del gasto que el de la producción. El de la producción te lo aprietan cuando los países que te compran dejan de hacerlo porque sus deudas han crecido demasiado. Y esas deudas son con los países que tenían la fortaleza productiva necesaria como para prestarnos el dinero con el que comprarles.

 Hoy no se fía, mañana sí, como decía el famoso cartel. Y esa parece ser parte de la receta alemana por el momento. Una vez constatado que los que compraban ya no tienen más capacidad para endeudarse y seguir haciéndolo, eliges no venderles y les exiges que se pongan en plena forma económica para seguir comprándote. Su miedo es que los demás crezcan a su costa, algo que no les ha importado para conseguir su propia riqueza. La especulación con las deudas soberanas permite que Alemania, por el contrario, se esté financiando a coste cero. Para mí, el síntoma más claro de que esta es la solución más favorable para Alemania es que Angela Merkel ha conseguido el apoyo de la oposición, algo que Sarkozy no logró con Hollande, con un planteamiento más europeísta.

El hecho de que se esté produciendo una alianza pro crecimiento y que está se tenga que enfrentar a Alemania significa que ya se ha asumido que la recuperación europea —con todas las variables que se quiera— implicará una redefinición de los problemas y sus orígenes. El anterior frente Merkel – Sarkozy tenía algo de antinatural en términos europeos: la creencia en que dos países pueden hacer frente común e imponer a los demás las soluciones más favorables para ellos. Cuando la producción mundial se ralentiza, la receta es que todos se paren y paguen sus préstamos. Ha salido el safety car y ha neutralizado la carrera. La idea ahora es tratar de salir del bache imprimiendo velocidad y no parando en seco.


La crisis necesitará austeridad, sin duda, que es la forma de despertar del sueño al que, como señalaba Rajan, te llevan para que relajes tus filtros virtuosos y venderte todo lo que necesitan vender para crecer ellos. Entre la austeridad asfixiante y el despilfarro populista, está el sendero realista, el del crecimiento posible y el del endeudamiento razonable. Mis dudas están más en nuestros agentes económicos y políticos. ¿Serán capaces de actuar con sentido responsable, es decir, dirigiendo la economía española hacia sectores con menor dependencia y fragilidad, que no solo impliquen riqueza real para unos y aparente para otros, sino un modelo sólido y de futuro? ¿Tendremos esa altura de miras? ¿Seremos capaces de mirar por la estabilidad social del empleo y no por la precariedad permanente? El reto es colectivo y va más allá de lo meramente económico.

Con claridad, Rajan señala:

La responsabilidad de esta crisis está compartida por un elenco mucho más amplio: políticos nacionales, gobiernos extranjeros, economistas como yo mismo y personas corrientes como usted. Además, lo que nos ha afectado a todos no ha sido una especie de histeria o manía colectiva. Lo que resulta un tanto alarmante es que cada uno de nosotros hizo lo más sensato de acuerdo con los incentivos que teníamos. Pese a la creciente evidencia de que la situación se estaba torciendo, todos nos aferramos a la esperanza de que las cosas iban a salir bien, puesto que nuestros intereses dependían de ese resultado. Sin embargo, colectivamente nuestras acciones llevaron la economía mundial al borde del desastre, lo cual volverá a repetirse a menos que seamos capaces de reconocer los errores y tomar las medidas necesarias para corregirlos. (15)

Cuando un sistema, que funciona correctamente conforme a sus objetivos, te lleva al desastre es que sus objetivos son erróneos o incompatibles. A veces los carros se salen de la carretera porque cada uno de los bueyes tira para su lado.

* Raghuram G. Rajan (2011). Grietas del sistema. Por qué la economía mundial sigue amenazada. Deusto, Madrid.
Exposición de los bancos alemanes

Exposición de los bancos de Reino Unido en las distintas economías


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