sábado, 9 de abril de 2011

Viernes de purificación y juicio en el gran teatro del mundo


Joaquín Mª Aguirre (UCM)

La intelectual y crítica teatral egipcia Nehad Selaiha*, en un interesante análisis de lo que ha supuesto la revolución, con sus luces y sombras, nos habla de las representaciones de teatro improvisado a cargo de grupos independientes que se realizaron en la Plaza de Tahrir para mantener el ánimo y hacer que el teatro surgiera en el escenario mismo del drama. Tahrir se convirtió en un arriesgado escenario en el que se explicaba lo que sucedía en Tahrir, porque los hechos del mundo no tienen sentido hasta que se lo damos, hasta que les conferimos la forma en la que proyectamos nuestros deseos y temores. El teatro volvía a su origen, servir de espejo, mostrar sobre las tablas la vida misma. Este viernes, la gente ha puesto título a la representación: “purificación”, catarsis; la esencia del drama, la purga. Un nuevo acto en este drama prolongado, por entregas, con nuevos actores incorporándose a la representación.
El nivel de indignación no ha bajado. La revolución que comenzó con un “viernes de la ira”, es ahora un viernes de “purificación y juicio”. Farid Ali, un barrendero, comenta: “Estoy limpiando la plaza de Tahrir mientras espero a que se limpie mi país”**. Sigue con su labor a la espera de que llegue ese momento. Ese es el sentimiento que une a millones de egipcios, el deseo de ver a Hosni Mubarak juzgado y a los miles que se aprovecharon del régimen para enriquecerse. Cuando se va rompiendo el férreo código de silencio con el que la dictadura de Mubarak cercó a la sociedad, crece la indignación. Dicen que este viernes, ayer, ha sido el segundo más concurrido tras el de la celebración de la caída del dictador.
Pero este viernes tiene algo más y así lo resaltan los diarios egipcios: se están sumando militares pidiendo la caída de los jefes de la cúpula militar y su enjuiciamiento. Han desafiado las órdenes específicas de no asistir a la manifestación de uniforme y algunos de ellos han tomado la palabra. La gente quiere justicia, que pasen por el banquillo los que se han enriquecido o han llevado la muerte y la desgracia a los hogares de muchos de ellos. Los que pensaban que con un goteo de reformas podían aplacar la sed de los egipcios se equivocaron. La gente quiere que salgan de la sombra del patio de butacas y se suban al escenario, que se pongan bajos los focos. ¿Qué es un juicio sino la reconstrucción dramática, ante un público, de la vida anterior?


Los intentos de centrar exclusivamente en la figura de Mubarak las iras populares no han resultado y la gente se va enfrentando a los que considera responsables de la corrupción generalizada en sus propios escenarios cotidianos. Los señalan con el dedo en las empresas, en los medios de comunicación, en las universidades. Los egipcios no quieren tener los restos del régimen incrustados en la maquinaria mediática. Los periodistas afines al régimen se dedicaron a cantar alabanzas al tirano y su política en la tradición babosa de las dictaduras. El decano de la facultad de Comunicación de la Universidad de El Cairo fue especialmente beligerante en sus artículos con los manifestantes en los comienzos de la rebelión. Después, cuando vio la deriva que tomaba el asunto, decidió convertirse en reformista. Pero los egipcios conservan en su hemeroteca mental de agravios el recuerdo de los apoyos al régimen y de los ataques periodísticos a los manifestantes y sus reivindicaciones. De igual forma, la televisión se ha convertido en caballo de batalla. Saben la importancia, la necesidad de tener medios limpios para las elecciones.
Nehad Selaiha señala tres elementos importantes que quedarán de la rebelión de Tahrir: la ruptura de la barrera paralizante del miedo y la recuperación del poder por la gente, la recuperación del sentido de pertenencia a algo llamado “Egipto” de lo que poder enorgullecerse, y el sentido de la dignidad personal. El régimen de Mubarak había sustraído a los egipcios la capacidad de actuar, la identidad y el orgullo. Solo por esto, dice Nehad Selaiha, ha valido la pena la revolución.
La catarsis es purificación. El pueblo representó su propio drama en Tahrir y en las calles de todo Egipto. Mubarak debe comenzar sus ensayos. No falta mucho para el estreno. Viernes de Purificación y juicio en el gran teatro del mundo.

* Nehad Selaiha, “Tahrir Tales” Al-Aharam Weekly 7-13/04/2011 http://weekly.ahram.org.eg/2011/1042/cu1.htm
** "Army Officers Join Protesters in Tahrir To Demand Mubarak Prosecution" The Daily News Egypt 8/04/2011http://www.thedailynewsegypt.com/egypt/army-officers-join-protesters-in-tahrir-to-demand-mubarak-prosecution.html


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